EDITORIAL
por el Dr. Víctor Geller
Colegio (del latín collegium, de colligere, reunir). Corporación de personas de una misma profesión u oficio. En francés collège. En inglés college. En italiano collegio. En alemán schulle.
Los primeros orígenes de la Medicina Científica son contemporáneos a la aparición de la filosofía griega. Antes de esa época la medicina es sucesivamente instintiva, empírica, mágica sacerdotal, religiosa; se dirige como objetivo inmediato a calmar el dolor del enfermo o prolongar su vida.
Nacen escuelas que imprimen un carácter especial a la medicina griega y determinan su desarrollo. Se comienza a discutir lo que hasta ese momento no se había hecho; se inicia la crítica y se derivan conclusiones de la experiencia. Comienza el pensamiento científico.
Junto a las escuelas, y en forma contemporánea, se organizan los médicos. De esa época es el juramento Hipocrático, es el más antiguo documento histórico que codifica la formación de una corporación profesional (Hipócrates 460-357 a.C.).
Pero aún no había observación y experimento; en la Historia de la Medicina aparece Galeno de Pérgamo (138-201). Médico de los gladiadores, se traslada a Roma donde da conferencias públicas y realiza vivisección de animales. Recoge historias clínicas muy detalladas, se hace muy famoso y se gana el odio de los médicos contemporáneos.
Dictó y escribió por largos años 400 obras. Llegaron hasta nosotros 83 escritos, más algunos encontrados en traducciones árabes. Mencionamos “De las regiones enfermas” (su obra más importante sobre patología), “De las disecciones de venas y arterias”, etcétera.
Saltamos en el tiempo y el siglo IX, bajo el califato de Haron al Raschid, se funda en Bagdad un hospital. Un siglo más tarde (año 970) Rhazes participa de un hospital donde 25 médicos prestaban sus servicios, enseñaban, examinaban y conferían diplomas. Siguió funcionando hasta 1258, cuando la ciudad fue arrasada por los mongoles.
Las universidades surgen a partir del siglo XIII. En la Escuela de Montpellier (se ignora el año exacto de su fundación) se enseña solamente Medicina. La Universidad de Bolonia crea una escuela de las trascendentes. A ella perteneció el Maestro Tadeo Aderoti, nacido en Florencia en 1223, quien mereció una cita del Dante:
“Non per lo mondo per cui mo’ s’affana
di retro ad ostiende ed a taddeo
ma per amor della verace manna
in picciol tempo gran dottor si feo.”
(Par. XII, 82-85)
Escribió “De la conservación de la salud”, donde entre otros consejos habla del cuidado de la boca y los dientes.
Llamado a Roma asistió hasta su muerte al Papa Honorio IV. Pablo Miguel Servet expone la idea de la circulación pulmonar (1509-1553). Las válvulas venosas son descriptas por Fabrizio d’Acquapendente en su libro “De Venarum Ostiolis” (Padua 1603).
El libro de Harvey, “De Motu Cordis”, ¡es de 1628! Lo que antecede demuestra que no descubrió los circuitos de la circulación (¡pero tenía muy buena prensa!).
Servet es condenado por hereje y quemado en 1553 en Suiza. Tuvo que huir a través de media Europa por no aceptar que lo que corría por los vasos sanguíneos no eran “espíritus flamígeros” (ver el apasionante libro Humo de las hogueras).
En el 600 aparecen los grandes pensadores y sus descubrimientos. Descartes (1596-1650), médico y patólogo, anuncia su “Cogito ergo sum” y glorifica el valor del raciocinio, y Galileo Galilei (1564-1642) pone los fundamentos del método experimental. Este superhombre de la Ciencia cuya vida va de sus enseñanzas en la Universidad de Padua, en cuyo Rectorado se guarda como un tesoro la Cátedra a la cual subía para dictar sus clases, hasta el “juicio” por herejía en Roma donde el tribunal lo obligó a abjurar públicamente de sus creencias y donde pronuncia su célebre “Eppure si muove”. Pasaron solamente 400 años para que el Vaticano reconozca el “error”.
En 1673 aparece en Venecia Il Giornale Di Medicina dando inicio a las publicaciones científicas.
Saltamos en el tiempo. Recién en el siglo XIX la Cirugía es considerada una rama de la Medicina.
En el siglo XIX surgen los congresos. El Primer Congreso médico Internacional fue en Bruselas en 1867.
El Nobel fue adjudicado en 1901 a E. A. Von Bhering (1854-1917) por su obra sobre sueroterapia antidiftérica.
Y ahora podemos dejar los libros de Historia de la Medicina y apelar a nuestra memoria.
¿Para qué los Colegios? Para aunar criterios e intercambiar ideas y experiencias.
Muy cerca en el tiempo (década del 50) los electrocardiogramas se tomaban con registro fotográfico, y había que revelarlos; con lo cual la información llegaba al médico con el consabido retraso.
Aparecen las tomografías de tórax, no las computadas, y podemos ver lesiones mucho más pequeñas.
Para los estudios del funcionamiento valvular venoso recurríamos a las pruebas de Brodie-Trendelemburg, Perthes-Delbet y Pratt entre otras. Aprendimos en 1963 del Dr. Rubens Carlos Mayall a hacer flebografías bajo visión radioscópica moviendo la pierna y haciéndola rotar para “eliminar” tibia y peroné y ver las venas profundas de la pierna. Después flexionábamos la rodilla y veíamos con toda claridad la vena poplítea, pudiendo seguir con la femoral y así completábamos la observación del miembro inferior. El sistema venoso pelviano se estudiaba con la flebografía trasuterina. Para las arteriografías se usaba la punción directa del vaso a explorar, o de sus ramas.
Y llegamos a los linfáticos. Kimonth hizo posible la visualización de los linfáticos tiñéndolos con Blue Patent V y permitiendo así su disección. A posteriori se punzaban con un set que permitía introducir en los vasos lipiodol ultrafluido bajo presión y rogando que los linfáticos no se rompieran.
Hoy existen la linfografía y flebografía isotópicas, que orientan magníficamente pero de ninguna manera tienen la precisión y la belleza de las imágenes directas.
Aparece el ecodoppler (blanco y negro o color), que ahora sí son el gran cambio en la orientación del flebólogo.
Para terminar, un recuerdo y homenaje a uno de mis Maestros, el Dr. Andrés A. Samtas: “Sres., hay que curar y el diagnóstico lo hacen los médicos. Los aparatos son maravillosos métodos auxiliares. Ni hacen diagnóstico per se ni deciden el tratamiento”.
Víctor Geller
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