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EDITORIAL

TIEMPOS DIFÍCILES

   Es indudable que nuestra actividad se verá afectada también por la crisis económica que se avecina.
   El brote de dengue que actualmente aflige tanto a la población en general, y a los sanitaristas en particular, no hace más que dejar en descubierto años de descuido en materia de salud pública. Tanto en planes de prevención como de atención primaria.
   Para quienes tenemos contacto a diario con los pacientes esto no es una novedad, lo novedoso es que ya se comiencen a ver las frutos de tales descuidos, y lamentablemente se prevean mayores consecuencias.
   No es fácil desarrollar la actividad profesional en este contexto, lamentablemente lo que nos sucede a diario no genera la suficiente prensa como para competir con otras noticias de importancia; sin embargo hemos llegado hasta aquí  actualizándonos, formando a jóvenes colegas que se inician en la especialidad, organizando cursos, congresos y reuniones científicas que mantienen nuestra bien ganada fama de buenos especialistas.
   El desafío que esta época impone es sobrevivir a la crisis echando mano a la creatividad, generando iniciativas que mantengan nuestra capacidad de superación sin claudicar.
Debemos trabajar MEJOR que antes, debemos estudiar MAS que antes, debemos ser MEJORES que antes, esta es la clave para superar estos momentos de crisis. 
  Este es el pensamiento del Colegio, que a partir de ahora se halla empeñado en llegar activamente hasta todos sus asociados, brindando la posibilidad de interactuar con sus autoridades científicas, posibilitando la oportunidad de intervenir en sus publicaciones aportando comentarios, experiencias y discrepancias.
  Seguramente trabajando todos juntos  encontraremos una buena alternativa que nos permita superar las condiciones adversas.

Guillermo Buero
Ex Presidente CACVYL

EDITORIAL

por el Dr. Héctor Santiago Caldevilla

  Indudablemente, cuando aparece un nuevo número de una publicación científica se siente, a mi juicio, el fuerte testimonio de que existen “profesionales jóvenes”, que mantienen la esperanza, por lo menos en este caso.
   Es por eso que me gustaría brindarles algunas reflexiones sobre la Flebología argentina.
Seria ilustrativo utilizar nombres y fechas pero sólo servirían en forma anecdótica.
El intento es rescatar la esencia de las circunstancias y propender al cambio.
Cuando era residente de cirugía ingrese a una flebología argentina incipiente, donde la vena perforante era un capítulo apasionante y una aplicación esclerosante era seguida por un auditorio colmado con la sensación de estar frente a una técnica revelada. Mi ingreso fue de la mejor forma, a través de un grupo de estudio creado por mi mentor flebológico. Podría haber sido la urología, la cirugía plástica o cualquier otra especialidad, pero a los 23 años, con la llama encendida, casi todos los trenes científicos nos llevan. Tres años después estaba sentado como miembro de la “Sociedad”, discutiendo apasionadamente del lado de los cirujanos en contra de los escleroterapeutas. A los pocos meses ya no formaba parte de la Sociedad, había renunciado, a esa altura, por acontecimientos de los que no participaba y que mucho no entendía. No era mas que un reflejo de los mecanismos del comportamiento de la sociedad argentina, “en clanes”, donde existen fuertes dificultades para la comunicación, la integración, el trabajo en equipo, y con el agravante de un individualismo a ultranza y en propio beneficio.
   Hoy una vez más, después de todo lo que se hizo, una nueva traumática ruptura: los responsables lo entienden y saben que es lo mismo, otros no sabrán de qué se trata, y para estos últimos son mis reflexiones:


- Cuando me encuentro en un evento internacional, muchas veces me aburro, siento que se discuten cosas que nosotros sabemos hace muchos años y que aplicamos en la practica diaria, pero nadie sabe que nosotros las sabemos.
- Cuando estoy en un encuentro nacional, muchos del auditorio pueden discutir de igual a igual con el invitado extranjero, me asombro, y también se asombra el invitado extranjero, muchos lo comentan, incluso se interesan por nuestros planes de formación y aprendizaje.
- Cuando me encuentro en una reunión científica, curso y afines, después de la labor diaria, veo a los médicos jóvenes cansados haciendo esfuerzos para no dormirse y me pregunto ¿es ésta la única forma? En este país el sacrifico es grande, qué buena madera que tenemos, y no haría falta aclarar que éste es el resultado directo de la calidad remunerativa.
- Cuando me invitan a quince cursos diferentes a dar las mismas charlas y me encuentro con los mismos colegas haciendo lo mismo, me fastidio. Hubo una época en que me negué íntimamente a hacerlo, y lo lleve a la práctica. El resultado fue que no estuve por un tiempo, nada pasó ni afuera ni adentro, volví, ésas son las reglas del juego que el individualismo no cambia.


   Estoy convencido y sin demagogia que la flebología argentina llegó a ser una de las más importantes del mundo; en un momento lo fue pero se está quedando a pesar de las decenas de cursos y cursitos.
   Con sincera humildad pienso que es necesario un cambio: podría crearse, por ejemplo, un ente que regulara la actividad científica y la educación médica continuada, dada la atomización actual, una clase de “confederación” dentro de una estructura existente o creando una nueva.    Los docentes de inicio tendrían que ser “todos”, con incorporación y formación de los nuevos de acuerdo con su interés, méritos y antecedentes. Sería sencillo brindar a través de la discusión y el consenso el apoyo para la organización de la actividad científica, acotada, ética y sobre todo realmente útil. Lo anterior permitiría “depurar el padrón flebológico”. Me pregunto: ¿no es bastardear la especialidad hacer esos cursos para la concurrencia de especialistas y no especialistas satélites, que viene con criterio de curso de academia, “para hacer algo más”? Me animo a decir que todos sufrimos cuando vemos la palabra flebología al lado de masajes y pilates.
    También tendría que normatizar las prácticas, ocuparse del nomenclador, de los honorarios, del asesoramiento legal, del litigio en contra de la usurpación de títulos, de la propaganda engañosa, etcétera. Así mismo, impulsar trabajos multicéntricos, su publicación nacional e internacional en inglés, integrando a aquellos que no están en ninguna institución porque la característica de esta especialidad fomenta el aislamiento en el consultorio. Podría editar un volumen extraordinario con la participación de todas las revistas existentes y así esta lista podría continuar, pero este espacio no lo permite.
    Finalmente, respecto a la esperanza referida al comienzo, creo que la misma radica en transitar un camino en común a través de la unión, única forma de lograr objetivos, única forma de tener un futuro, única forma de tener bases, en la mejor acepción de la palabra.
Participen, exijan su espacio, exijan a sus mayores y a los muy mayores.
Creo firmemente que es preferible ser cola de león, en camino hacia la cabeza, que cabeza de ratón.

EDITORIAL

  Colegio (del latín collegium, de colligere, reunir). Corporación de personas de una misma profesión u oficio. En francés collège. En inglés college. En italiano collegio. En alemán schulle.
   Los primeros orígenes de la Medicina Científica son contemporáneos a la aparición de la filosofía griega. Antes de esa época la medicina es sucesivamente instintiva, empírica, mágica sacerdotal, religiosa; se dirige como objetivo inmediato a calmar el dolor del enfermo o prolongar su vida.
   Nacen escuelas que imprimen un carácter especial a la medicina griega y determinan su desarrollo. Se comienza a discutir lo que hasta ese momento no se había hecho; se inicia la crítica y se derivan conclusiones de la experiencia. Comienza el pensamiento científico.
Junto a las escuelas, y en forma contemporánea, se organizan los médicos. De esa época es el juramento Hipocrático, es el más antiguo documento histórico que codifica la formación de una corporación profesional (Hipócrates 460-357 a.C.).
Pero aún no había observación y experimento; en la Historia de la Medicina aparece Galeno de Pérgamo (138-201). Médico de los gladiadores, se traslada a Roma donde da conferencias públicas y realiza vivisección de animales. Recoge historias clínicas muy detalladas, se hace muy famoso y se gana el odio de los médicos contemporáneos.
Dictó y escribió por largos años 400 obras. Llegaron hasta nosotros 83 escritos, más algunos encontrados en traducciones árabes. Mencionamos “De las regiones enfermas” (su obra más importante sobre patología), “De las disecciones de venas y arterias”, etcétera.
Saltamos en el tiempo y el siglo IX, bajo el califato de Haron al Raschid, se funda en Bagdad un hospital. Un siglo más tarde (año 970) Rhazes participa de un hospital donde 25 médicos prestaban sus servicios, enseñaban, examinaban y conferían diplomas. Siguió funcionando hasta 1258, cuando la ciudad fue arrasada por los mongoles.
Las universidades surgen a partir del siglo XIII. En la Escuela de Montpellier (se ignora el año exacto de su fundación) se enseña solamente Medicina. La Universidad de Bolonia crea una escuela de las trascendentes. A ella perteneció el Maestro Tadeo Aderoti, nacido en Florencia en 1223, quien mereció una cita del Dante:

“Non per lo mondo per cui mo’ s’affana
di retro ad ostiende ed a taddeo
ma per amor della verace manna
in picciol tempo gran dottor si feo.”

(Par. XII, 82-85)

   Escribió “De la conservación de la salud”, donde entre otros consejos habla del cuidado de la boca y los dientes.
   Llamado a Roma asistió hasta su muerte al Papa Honorio IV. Pablo Miguel Servet expone la idea de la circulación pulmonar (1509-1553). Las válvulas venosas son descriptas por Fabrizio d’Acquapendente en su libro “De Venarum Ostiolis” (Padua 1603).
   El libro de Harvey, “De Motu Cordis”, ¡es de 1628! Lo que antecede demuestra que no descubrió los circuitos de la circulación (¡pero tenía muy buena prensa!).
   Servet es condenado por hereje y quemado en 1553 en Suiza. Tuvo que huir a través de media Europa por no aceptar que lo que corría por los vasos sanguíneos no eran “espíritus flamígeros” (ver el apasionante libro Humo de las hogueras).
   En el 600 aparecen los grandes pensadores y sus descubrimientos. Descartes (1596-1650), médico y patólogo, anuncia su “Cogito ergo sum” y glorifica el valor del raciocinio, y Galileo Galilei (1564-1642) pone los fundamentos del método experimental. Este superhombre de la Ciencia cuya vida va de sus enseñanzas en la Universidad de Padua, en cuyo Rectorado se guarda como un tesoro la Cátedra a la cual subía para dictar sus clases, hasta el “juicio” por herejía en Roma donde el tribunal lo obligó a abjurar públicamente de sus creencias y donde pronuncia su célebre “Eppure si muove”. Pasaron solamente 400 años para que el Vaticano reconozca el “error”.
   En 1673 aparece en Venecia Il Giornale Di Medicina dando inicio a las publicaciones científicas.
   Saltamos en el tiempo. Recién en el siglo XIX la Cirugía es considerada una rama de la Medicina.
   En el siglo XIX surgen los congresos. El Primer Congreso médico Internacional fue en Bruselas en 1867.
   El Nobel fue adjudicado en 1901 a E. A. Von Bhering (1854-1917) por su obra sobre sueroterapia antidiftérica.
   Y ahora podemos dejar los libros de Historia de la Medicina y apelar a nuestra memoria.
   ¿Para qué los Colegios? Para aunar criterios e intercambiar ideas y experiencias.
   Muy cerca en el tiempo (década del 50) los electrocardiogramas se tomaban con registro fotográfico, y había que revelarlos; con lo cual la información llegaba al médico con el consabido retraso.
   Aparecen las tomografías de tórax, no las computadas, y podemos ver lesiones mucho más pequeñas.
   Para los estudios del funcionamiento valvular venoso recurríamos a las pruebas de Brodie-Trendelemburg, Perthes-Delbet y Pratt entre otras. Aprendimos en 1963 del Dr. Rubens Carlos Mayall a hacer flebografías bajo visión radioscópica moviendo la pierna y haciéndola rotar para “eliminar” tibia y peroné y ver las venas profundas de la pierna. Después flexionábamos la rodilla y veíamos con toda claridad la vena poplítea, pudiendo seguir con la femoral y así completábamos la observación del miembro inferior. El sistema venoso pelviano se estudiaba con la flebografía trasuterina. Para las arteriografías se usaba la punción directa del vaso a explorar, o de sus ramas.
   Y llegamos a los linfáticos. Kimonth hizo posible la visualización de los linfáticos tiñéndolos con Blue Patent V y permitiendo así su disección. A posteriori se punzaban con un set que permitía introducir en los vasos lipiodol ultrafluido bajo presión y rogando que los linfáticos no se rompieran.
   Hoy existen la linfografía y flebografía isotópicas, que orientan magníficamente pero de ninguna manera tienen la precisión y la belleza de las imágenes directas.
Aparece el ecodoppler (blanco y negro o color), que ahora sí son el gran cambio en la orientación del flebólogo.
   Para terminar, un recuerdo y homenaje a uno de mis Maestros, el Dr. Andrés A. Samtas: “Sres., hay que curar y el diagnóstico lo hacen los médicos. Los aparatos son maravillosos métodos auxiliares. Ni hacen diagnóstico per se ni deciden el tratamiento”.

Víctor Geller

 

 

 

   

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